Marc Raurich, un atractivo navegante, con base en Empuriabrava. Durante años ha navegado por los mares con las prisas pisándole los talones. Marc alimenta en su fuero interno un sueño oculto.
En su entorno se lanza un reto, y la frase maldita para su esposa, Dora, se cruza en el camino de Marc.
Por una pequeña apuesta, Marc roza el cielo con la punta de los dedos, en la palma de su mano se ha posado su ansia más oculta y cierra el puño para no perder lo que más desea.
Y lentamente, como si abriera un tesoro, extiende la palma de su mano y su anhelo más profundo sale a la luz.
Va a recorrer en sesenta días, a contrarreloj y navegando a vela, una travesía de 6500 millas náuticas en los peores meses del año para ese tipo navegación.
Cruzará seis mares partiendo de Empuriabrava y navegando hasta la parte oriental del Mar Negro, en el Puerto de Sukumi (Georgia)
Una vez allí deberá retroceder y navegar hasta las Islas Canarias y regreso a Empuriabrava.
En su poder, en sus manos, la herramienta: Un precioso velero de quince metros de eslora llamado Zariá.
Su familia se opone a tan descabellada idea, y con su partida, fuerza que se rompan los lazos familiares.
En Sicilia conoce a Mario, el cual lleva la muerte pisándole los talones. Entre ambos surge una amistad que parece forjada al duro temple del acero.
Durante la travesía, jalonada de recaladas, su amante esposa, decepcionada por el abandono conyugal le desprecia una y otra vez. Marc, recibe bofetada tras bofetada a cada llamada telefónica a su compañera de toda la vida, y termina por hacerse la idea de que la ha perdido para siempre.
Aina Zabala, famosa por su apellido, y hermosísima mujer, sufre en Barcelona, en su propia casa, una dura humillación.
El padre de Aina, Rodrigo, jura tomarse la justicia por su mano por la ofensa cometida contra su hija y encarga un asesinato a través de terceros.
Rodrigo ha ideado una trama para alejar las sospechas sobre su heredera y la lleva con él en una travesía por el Mediterráneo en su lujoso barco de velamen color naranja.
Marc, durante su travesía, se enfrenta a temporales de vientos de fuerza ocho y temibles tempestades.
En el transcurso de alguna de ellas, se ve en serios aprietos. Enormes olas surgen frente a su barco, y Marc piensa en varias ocasiones hincar la rodilla en la cubierta del Zariá y pedir clemencia alzando la cabeza hacia los cielos oscuros y amenazantes.
Cerca de las costas del Norte de Turquía, en el Mar Negro, los piratas esperan pacientes el paso de barcos extranjeros para matar y saquear sus tripulaciones por un puñado de dinero.
Allí, en un día luminoso y calmo, Marc mata a seres humanos en defensa propia. Siente por ello un pequeño placer y una satisfacción plena en la acción cometida.
A la vuelta, en ese mismo mar y en las mismas latitudes, con el recelo calado hasta el alma, vigilaba que no se consumara la venganza.
En aquellos mismos instantes, en Algeciras, el despecho de un marinero de un barco porta contenedores le lleva a cometer contra su ex empresa un acto de sabotaje.
Las consecuencias del acto y un terrible temporal de lluvia y viento provocan la tragedia en el Mar Mediterráneo hundiendo el velero en el que viajan Rodrigo y Aina.
Marc, en aquellos mismos instantes y a decenas de millas del naufragio también lucha contra los mismos elementos
Horas más tarde y después de mil penurias pasadas en la terrible tormenta, Marc halla a Aina debatiéndose entre la vida y la muerte aferrada a un salvavidas y flotando en el agua.
Marc, después del salvamento, capta en las miradas de la bella mujer, odio y resquemor. Seguramente por la humillación sufrida tiempo atrás.
Pero Marc, ignorante de ello, no acierta a adivinar qué pasa por la cabeza de Aina, ésta, en algunas ocasiones, se muestra delicada, dulce, tierna, en otras, dura como el diamante y fría como el acero.
La relación que surge entre ellos, lleva a un sentimiento de indiferencia por parte de Marc, pues no comprende a la bellísima mujer y se distancian ambos.
Aina, áspera, exige a Marc unas prebendas que no le corresponden y recibe negativas por parte de éste una y otra vez.
Por ello el rencor y el resentimiento de Aina se acentúan. La indiferencia de Marc más.
Durante aquellas largas horas en el mar Aina observa al hombre a hurtadillas, a escondidas, y por información obtenida días antes de Mario, y espiando en el libro de bitácora de Marc, conoce de éste sus secretos mejor guardados.
Conforme pasa el tiempo evalúa al hombre. Se enamora secretamente, y bellas mariposas revolotean en su estómago, se humedece su sexo y siente un placentero cosquilleo. Turbulentos y libidinosos pensamientos comprimen su cerebro. Pronto desaparece la indiferencia y la inquina.
Pero Aina orgullosa como sólo algunas mujeres saben serlo esconde tal sentimiento y presiona de nuevo a Marc para que éste sucumba a sus ilícitos planes.
Marc se niega de nuevo y Aina se resiente emocionalmente.
Muchas millas más adelante Marc se ve en un serio aprieto. Teme verse engullido por las enormes fauces de la mayor máquina de guerra que existe en el mundo y solicita ayuda a aquella hermosa mujer. Aina se la niega.
A consecuencia de ello y a duras penas, Marc, en un esfuerzo sobrehumano in extremis, intenta evitar el abordaje del portaviones en misión de guerra Harry S. Thruman.
Una vez pasado el gran peligro, Marc desquiciado, zarandea a Aina intentando hacerle comprender que casi mueren por su obcecación.
Aina se da cuenta del enorme error cometido y pide e implora perdón. Desvalida, abraza al hombre que había arriesgado su vida para salvar la de ella cuando la rescató del mar.
En aquel abrazo Marc se siente frágil y débil. Aflora el hombre que reconoce la enorme belleza de aquella mujer que tiene entre sus brazos y siente como su cuerpo reacciona ante el calor y la fragancia que desprende el cuerpo de Aina.
Entre ellos, fruto del desorden psicológico, de la tensión, y de la soledad, surge una tórrida relación de sexo y amor, la temperatura, en el interior del Zariá, sube hasta llegar a situaciones eróticas extremas.
Después de la tormentosa relación carnal, llega la calma, y por una mirada mal interpretada se siembra la desconfianza y el temor al engaño. Nacen lágrimas de los hermosos ojos de Aina para que las enjagüe el amor.
Más tarde se abre el camino al amor dulce, obsesionante, lujurioso, loco, tierno en algunas ocasiones, desenfrenado en otras...
Marc efectúa una escala no programada para dejar en tierra a Aina, allí es arrestada y acusada de haber pagado a un sicario para que cometiera un crimen por encargo.
Marc debe continuar con su travesía, el reloj corre en su contra y debe finalizar la travesía en el tiempo pactado.
En el Atlántico, cerca de la Islas Canarias, Marc, salva vidas de nuevo, y allí, por primera vez en su vida se siente como un dios menor capaz de quitar vidas y salvar a otras en pocos minutos de diferencia.
La prensa y la televisión acechan a la famosísima Aina. Los medios elucubran, y el país conoce lo que nunca jamás contaron sus protagonistas y que celosamente guardaban Marc y Aina.
Un azaroso suceso rasga la vida y rompe los sueños de los protagonistas en miles de pedazos, la pena siembra y germina en los corazones por el dolor lacerante.
Pronto se forma la gran leyenda y corre como reguero de pólvora entre navegantes de todo el mundo.
|