Agradecimientos PDF Imprimir E-Mail
Escrito por F.C.A.   

Ante todo doy gracias al mar, sin él, sin amarlo, quizás no habría escrito esta novela.
Cuando le extraño, musito en voz baja una oración de amor que dice:

Mar..., te quiero, te quiero, te quiero. Y te amo mar mío. Te añoro, té extraño.
No puedo evitar derramar mis lágrimas cuando te echo en falta, mi corazón se pone gris,  triste. ¡Y grita! Al silencio, quieto y cruel, lo injusto de mi querer.
Necesito darte un  dulce beso en tus labios de agua, y ver de nuevo tu color azul, o moriré de pena y de tristeza antes de tenerte de nuevo entre mis brazos.


Se dice que al mar hay respetarlo, pero que nunca debemos temerlo.
Debo de reconocer que alguna vez no lo he respetado, ni le he temido, y que a su manera se ha vengado de mí haciéndome sentir tal desasosiego en alguna ocasión, que cuando pienso en ello, y ya fuera de peligro, siento vergüenza de mí mismo.
Cuando me enamoré de él no tenía uso de razón, no conocía ese sentimiento, ni siquiera sabía que existiera la palabra enamoramiento. Sin embargo, cuando me enamoré en mi adolescencia de mi primera maestra supe qué era lo que había sentido por el mar aquel día tan lejano ya en mi memoria.
Hoy, todavía anida y reside en mi corazón, el mismo sentimiento por él.
Creo que es el único elemento en este mundo del cual uno puede enamorarse, y nunca pedirle cuentas por nada ni regañarle por ser tan implacable con las gentes que navegan sobre o bajo sus aguas.
En él hallé la inspiración para empezar a escribir la novela y la desesperación y las prisas por acabarla unos años mas tarde.
 
A Carin F. que fue quien primero corrigió la novela, y no quiso cobrarme porqué le había gustado la novela y alegó que no era una profesional de correcciones.
A Olga B. la cual me ayudó en hacerla mejor y me hizo una pregunta que en aquel instante no supe responder con demasiado acierto (me preguntó si mi mujer había leído la novela) y a su marido, Xevi R. que alabó la historia.
A Susana Soler, que con gran paciencia la leyó y me hizo dar cuenta que podía mejorar la dicción.
A Carmen V. que después de leerla me dio ánimos para que buscara editor.
A Joan  A. de Barcelona que fue el más crítico.
A Fina G. C. que con infinita paciencia tomó notas y me la corrigió un poco y bastante más.
A Josefina, y a su marido Jordi que volvió a corregirme otros errores.
A Begoña de la Torre que me hizo dar cuenta de lo egoísta que era el protagonista de la novela (por ese motivo no terminó de leerla, eso me hirió el orgullo) e intenté hacer a Marc menos egoísta, y darle un pequeño placer a Begoña, pero no pude, ¡Era yo!
A Federico José, de Madrid, que me dijo que la novela era buena, pero que él no era el editor ideal para mi estilo, y le doy las gracias porque leyó la novela y no hizo como la mayoría de los editores.
A Carmen de Tarragona que la leyó en tres días y me dijo: “Las he leído peores, a mi marido también le ha gustado”, sin más.

Y por último a mi creación, mi amor, mi estrella: AINA.
Un vacío de emociones al principio, y que luego, más tarde, me estrujé la mente para encontrarle nombre, ponerle rostro, cuerpo..., e incluso alma, y hacer que supurara pasión. No sé sí lo logré, pero lo intenté con todo mi corazón, puesto que no tenía la musa, y según me parecía debía crearla pulcra, bella, perfecta, agraciada..., igual que Dios cuando creó a Eva. 

                                              El Autor

                                               F.C.A.

 
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